" Oh, llama eterna que has encendido mi ser y te has mantenido en la base de mi cuerpo
para calentar mi existencia.
Oh, llama que palpitas esperando la mano del conocimiento que la dirija segura como
un torrente desde abajo hacia arriba, encendiendo a su paso los centros donde duermen mis tesoros.
Oh, llama viva, vida de la vida que a su paso enciendes y haces vibrar todo cuanto duerme
latente y sereno, hasta transmutarlo en el oro de la sabiduría.
Oh, llama que deseas llegar a fundirte con la flor que se abre en la cabeza cuando tu la tocas y,
a través de ella exhalas el perfume de la eternidad en el jardín del mundo."
Cayetano Arroyo
martes, 2 de marzo de 2010
lunes, 28 de diciembre de 2009
El filósofo, el místico y la tormenta
Un relámpago no ilumina tu camino, no te sirve como si fuera una lámpara en tu mano;
sólo te da un fogonazo, un vislumbre del camino que tienes por delante.
Pero ese vislumbre es precioso; ahora tus pies estarán firmes, ahora serás fuerte, ahora tu determinación de alcanzar tu destino se verá fortalecida.
Has visto el camino, sabes que está ahí y no deambulas sin dirección.
Un fogonazo de luz y vislumbrará el camino que tienes que recorrer y el templo que es el destino de tu viaje.
He oído una historia de dos hombres que se perdieron en el bosque una noche muy oscura.
Era un bosque muy peligroso, lleno de animales salvajes, muy denso y rodeado de oscuridad.
Uno de los hombres era un filósofo y el otro era un místico. De repente estalló una tormenta,
las nubes se abrían y había grandes relámpagos. El filósofo miraba al cielo, el místico mantenía la vista en el camino. En ese momento hubo un relámpago y el sendero se iluminó delante de ellos. El filósofo miró al relámpago y se preguntó: "¿Qué está pasando?", perdiendo así el camino.
Tú estás perdido en un bosque aún más denso que el de esta historia. La noche es más oscura.
A veces viene un relámpago: debes mirar al sendero. Chuan Tzu es un relámpago, Buda es un relámpago, yo soy un relámpago. No me mires a mí, mira al sendero. Si me miras a mí, perderás tu oportunidad, porque el relámpago no se volverá a repetir. Sólo dura un momento, y los momentos en los que la eternidad penetra en el tiempo son muy escasos; son como relámpagos. Y cuando empieces a vivir, las cosas ordinarias adquieren una belleza extraordinaria.
Cosas pequeñas - la vida consiste en cosas pequeñas - pero cuando les aportas la cualidad de un amor intenso y apasionado se transforman, se vuelven luminosas.
Osho.
sólo te da un fogonazo, un vislumbre del camino que tienes por delante.
Pero ese vislumbre es precioso; ahora tus pies estarán firmes, ahora serás fuerte, ahora tu determinación de alcanzar tu destino se verá fortalecida.
Has visto el camino, sabes que está ahí y no deambulas sin dirección.
Un fogonazo de luz y vislumbrará el camino que tienes que recorrer y el templo que es el destino de tu viaje.
He oído una historia de dos hombres que se perdieron en el bosque una noche muy oscura.
Era un bosque muy peligroso, lleno de animales salvajes, muy denso y rodeado de oscuridad.
Uno de los hombres era un filósofo y el otro era un místico. De repente estalló una tormenta,
las nubes se abrían y había grandes relámpagos. El filósofo miraba al cielo, el místico mantenía la vista en el camino. En ese momento hubo un relámpago y el sendero se iluminó delante de ellos. El filósofo miró al relámpago y se preguntó: "¿Qué está pasando?", perdiendo así el camino.
Tú estás perdido en un bosque aún más denso que el de esta historia. La noche es más oscura.
A veces viene un relámpago: debes mirar al sendero. Chuan Tzu es un relámpago, Buda es un relámpago, yo soy un relámpago. No me mires a mí, mira al sendero. Si me miras a mí, perderás tu oportunidad, porque el relámpago no se volverá a repetir. Sólo dura un momento, y los momentos en los que la eternidad penetra en el tiempo son muy escasos; son como relámpagos. Y cuando empieces a vivir, las cosas ordinarias adquieren una belleza extraordinaria.
Cosas pequeñas - la vida consiste en cosas pequeñas - pero cuando les aportas la cualidad de un amor intenso y apasionado se transforman, se vuelven luminosas.
Osho.
viernes, 20 de noviembre de 2009
La telepatía de los aborígenes de Outback
Los auténticos no creen que la voz estuviera destinada al habla.
Para hablar se utiliza el núcleo corazón cabeza.
Cuando se usa la voz para hablar, uno tiende a enredarse en pequeñas conversaciones innecesarias y menos espirituales.
La voz está hecha para cantar para loar y sanar.
Las voces del desierto.
Para hablar se utiliza el núcleo corazón cabeza.
Cuando se usa la voz para hablar, uno tiende a enredarse en pequeñas conversaciones innecesarias y menos espirituales.
La voz está hecha para cantar para loar y sanar.
Las voces del desierto.
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